Dividimos el territorio en lotes comparables según morfología, densidad y acceso. Escalonamos despliegues para aislar efectos y evitar contagios entre áreas. Esto permite inferencias más sólidas sobre cambios observados, protegiendo a la vez continuidad de servicios y rutinas barriales esenciales.
Recolectamos conteos, sensores y registros administrativos, y los ponemos en diálogo con entrevistas, diarios fotográficos y grupos focales. Así cuantificamos magnitudes y entendemos porqués. La mezcla evita espejismos métricos, revelando beneficios, costos y externalidades que pueden pasar desapercibidos si miramos un solo ángulo.
Contrastamos resultados con fuentes independientes, invitamos auditorías ciudadanas y devolvemos hallazgos en asambleas abiertas. La comunidad valida interpretaciones, corrige errores y aporta hipótesis locales. Este ciclo de revisión mutua mejora calidad metodológica, pertinencia práctica y confianza colectiva para sostener cambios en el tiempo.












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